lunes, 20 de junio de 2011

Un café sin voz

Dos hombres caminaban por la acera totalmente distraídos, sumidos absolutamente en su cotidiano, el uno rumbo al norte y el otro rumbo al sur. Pronto los dos cruzarían su camino y algo entre ellos los haría girar para encontrar sus miradas; algo que les inflo el pecho y quebró su estomago.

Se reconocieron de inmediato sin que antes se hubieran visto, abrieron sus ojos marrón como platos por la sorpresa, apretaron con fuerza sus labios y fruncieron el ceño. El uno esquivó la mirada y comenzó a buscar entre sus bolsillos, el otro lo miró despectivamente de arriba abajo, vio sus zapatos deportivos, el jean roído que traía puesto, su chamarra de cuero y el asqueroso pelo largo que traía suelto al viento. El primero sacó un paquete de cigarros y el segundo sin decir nada sacó su encendedor y le ofreció lumbre, las miradas se cruzaron de nuevo y el descontento por verse se notaba enseguida, de igual forma encendió el cigarro, ofreciéndole al otro uno de vuelta que también fue recibido.

El segundo hombre se agarró la cabeza, mantuvo el cigarro en su mano y se recostó contra la pared mirando al cielo, los suspiros ahogados en humo se hacían presentes… Ninguna palabra salió nunca. Al terminar sus cigarrillos cruzaron juntos la calle, se dirigieron a un café y entraron juntos, se sentaron en la mesa del fondo, donde los iluminaba una lamparita de luz de tungsteno, se sentaron uno frente al otro y el primero pidió dos cafés cargados. Las palabras se ahogaban en sus gargantas pero sus miradas lo decían todo -La besé por mucho tiempo- , -Pero yo la beso ahora- los cigarros se acumulaban en el cenicero los puños se estrechaban con fuerza sobre la mesa, los dientes se apretaban y las mirabas se clavaba en los ojos del otro.

-Yo la amo-, -Pero es mía ahora- Se decían sin más con las miradas,  -¡Devuélvemela! Maldito bastardo-, -La perdiste por incompetente- Se miraban los dedos, pensando que también habían tocado a la misma puerta , el mismo cuerpo, se reconocían los labios como dueños de los mismo besos en tiempos distintos.

Pasaron las horas, el café cerró y el primer hombre pagó todo lo consumido en la velada mientras el otro compraba unos cigarros en el kiosco de la calle, al salir éste lo esperaba con un cigarro, se lo fumaron mirando a la luna, al terminar, ambos lo tiraron al piso, se echaron una ultima mirada y esta vez un poco más amables , después se dieron la espalda y se alejaron... Nunca se volvieron a ver.