Y aquí estamos de nuevo.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde
que nos reconocimos la última vez?
¿Cuánto tiempo ha trascurrido
desde aquella ocasión que nuestros ojos se llenaron de lágrimas empapando los
botones cuadrados de bordes romos de nuestro teclado, a la misma vez que por
supuesto, su “clack, clack, clack, clack, clack” insaciable nos devoraba los
dedos, y nos inspiraba a continuar?
¿Aún sigues embriagado de
nostalgia, maldiciendo tu existencia a la vez que ríes para fantasmas toscos, con
tu rostro borroso escondiéndote detrás del humo del cigarro y el aroma del
café? O ¿Continúas enamorado de imposibles, sabiendo que no tienes la fuerza,
ni la voluntad de amar de esa forma mágica que relatabas en tus viejos
escritos, sabiendo claro, que no mereces poder permanecer en una relación?
No, jajajja obvio no, claro que
no. Yo siempre he seguido de cerca tus pasos, te he observado con disimulada
atención, he pisoteado tu sombra que anhela ansiosa mi regreso, me he follado
tu pasado y me encanta, pasar mis noches susurrándote al oído que regreses a
mí. Porque sé muy bien por qué me cambiaste, conozco a la perfección esa idea
estúpida de dejarme de lado al divorciarte de la depresión, como si fuera mía
la culpa de que llegaras a esa condición… No Juan, nada de eso, la depresión te
invadió por débil, por emocional, por irónico y adicto; no por escribir la
historia de los “Sénticas” *, hablar con la mujer del cajón** o dejar que al
pobre de Juan le sacarán el corazón con tanta facilidad***. ¡Fue gracias a mí que
eres lo que eres, fui yo quien evitó que cortaras tus venas, envenenaras tus
viseras, o te volaras los putos sesos; fui yo quien te mantuvo cuerdo, y quien
permitió que a través de mí, purgaras toda la perversión de tu mente sucia… Fui
yo, no el dibujo, ni el sexo, ni las drogas, ni el arte… fui yo, sólo yo!
Te he conocido temeroso,
enamorado y vulnerable; conozco mejor que nadie el odio que puede albergar tu
corazón, el resentimiento que adoptaste en tu alma, y he sentido esa falta de
esperanza por una humanidad, a la que sin duda perteneces. Te he visto retenido
por manos espectrales que nacen del suelo, del cielo, de las paredes, de tus
sueños, y fui feliz al verte multiplicado en millones de facetas, facetas extrañas,
raras y morbosas; cada una más falsa y distinta que la anterior, hasta el punto,
que desapareciste lo que realmente creímos que serías.
Y ahora mírate, alardeando esa
confianza y esa sonrisa, orgulloso de lo que eres, y rodeado de misterio; mostrando
tu pelo ondeante que baja como leguas de fuego por tu espalda, vuelves con voz
firme, alegre y potente acompañado de un sinfín de criaturas fantásticas y
animales irreales; lleno de historias insospechadas, que narras, dibujas,
imaginas y transmites… ¿De cuándo aquí,
los conejos brillan con la intención de hacer palidecer a las estrellas
fugaces, de dónde los corazones brillan bajo el mar, los lobos se deshacen de
su piel humana y la muerte se enternece por un gato? ¿De dónde salió esa magia
que rodea tu mano izquierda y esos suspiros que viajan juguetones distrayendo y
embelesando tus sueños?, Yo recuerdo muy bien aquella vieja historia de los
Ashantis, oh sí, claro que sí… sé cómo saludan ellos y la importancia que tiene
la mano izquierda. ¿Estás seguro que esa magia es suficiente para protegerte? Quiero
que me cuentes porque me has invocado, ¿Es acaso tus suspiros parte de esta
treta enamorada? Para qué me usas en esos pequeños y despreciables mensajes
virtuales, que no dejan que saque todo mi potencial. Ah no claro, pero que tú pareces
usarlos tranquilamente, forma nativa y automática.
Ven, está bien discúlpame, entiende
que estoy prevenido, ha pasado demasiado tiempo y pensé que jamás volverías. Siéntate
a mi lado una vez más, siéntate como en los viejos tiempos… Jajaja dale no seas
tímido, ven un poco más cerca, nos conocemos desde siempre. Déjame escuchar esa
musiquilla que revolotea en tu cabeza, sé qué gracias a ella has regresado a mí,
y lo agradezco… Quiero entender el significado que para ti tiene escapar más
allá del alba y saber qué es lo que la noche rescata. Sírvete un café y dame
uno a mí, ayúdame a sentir esa extraña conexión ancestral que tienes con esa
criatura luminiscente.
¿De dónde salió? ¿De qué oscura
fantasía la creaste?... ¿Es culpa de esa cosa tu sonrisa, verdad?. No te reconozco
Juan. Eres una persona totalmente diferente a aquella que vi caer una y otra
vez desmoronado y envuelto en dolor, diferente a aquella persona que se
arrastraba de forma parasita hacia mí, con la intención de cerrar sus heridas.
A propósito, ¿Qué paso con ellas? ¿Por qué tanto color ahora, por qué borras
mis marcas? ¿Es ella, verdad? Esa criatura te ha robado de mi lado, te ha
alejado del dolor, del sufrimiento y te ha llenado de ganas de vivir, de caminar,
de luchar, de progresar. Hasta el fulgor de tus ojos es diferente, como si el
mismísimo “Hades” viviera dentro de ti… pero lo controlas.
Me das miedo y me encantas a la
vez, eres diferente, terriblemente diferente Juan. Ya no le perteneces a nada,
a nada que no sea la luz de esa criatura… O tal vez, a lo mejor, nunca le
perteneciste a nadie, tu fulgor siempre vivió opaco, apagado esperando el
momento, esperando una señal, una caricia de fotones que te hiciera despertar,
que encendiera esas ganas de comerte el mundo y me alegra… a lo mejor, sólo debías
buscarla, a lo mejor, sólo debías encontrarla…
O a lo mejor, esperarla.
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