martes, 5 de abril de 2011

Todo lo que María odia de mí

A María la vi por primera vez en un bus, casi no puedo pagarle al conductor por estar viendo su belleza, resaltaba entre los demás, brillaba con luz propia, era como una atmósfera mágica generada por la combinación del traga luz y el polvo que por supuesto tienen los buses de ese tipo.

Ella ni siquiera se percató de mi existencia, toda su atención la absorbía una de esas revistas gratuitas que regalan en las paradas del bus, era como si nada fuera digno de su interés, así que si debía atender a algo, sería a esa revista que no trataría de flirtiarle. 

Logré conocerla aunque ya no recuerdo como fue, pero nunca me he sentido mas feliz que cuando la conocí. Compartir mi vida a su lado es maravilloso, simplemente fantástico. Todo tiene un nuevo color, una nueva tonalidad, es impredecible y eso me encanta, cada vez que voltea a mirarme bajo sus lentes, mi corazón brinca emocionado.

Ella detesta que me le quede observando, dice que es ridículo que alguien se le quede mirando durante tanto tiempo sin decir nada. Me dice que no es ningún televisor para que me le quede viendo de esa forma y menos algún tipo de espectáculo para que se diviertan al verla. Nunca le gustó tener lentes, pero dice que es escandaloso el valor de una operación láser, así que que se hace a la idea de utilizarlos.

Me encanta cuando ríe, sus dientes son hermosos, como una linda hilera de alguna gema blanquecina de valor incalculable, todo a su alrededor palidece y hasta el mismo sol parece perder brillo ante eso. Amo como sus ojos se entornan al reír, como su nariz se dilata intentando tomar un poco más de aire, más del que esas diminutas fosas en esa nariz de mármol dejan entrar.

Ella detesta reírse, dice que soy perjudicial para ella, ya que mi estupidez le da risa y eso arruga su cara. Dice que sus dientes son normales, y que reír es una muestra de agrado a las personas, y yo no es que le agrade, pero es inevitable reírse de mí.

Besarle sería fantástico, imagino sus dulces labios fundiéndose en los míos, quemándome por dentro, haciéndome palpitar a cada segundo, la sangre en mis labios corriendo ardiente, ferviente, sellando por fin lo que siento en un solo beso, con nuestros cuerpos juntos sintiendo la respiración del otro y la danza de nuestro corazones intentando comunicarse.

Ella dice que los besos son asquerosos, que la mezcla de fluidos corporales es innecesaria en una estúpida muestra de sentimientos hacia el otro, y que tan rápido como se desenvuelve sólo puede terminar en sexo. Un beso según ella es la transfusión de miles de bacterias y parásitos que habitan normalmente en nuestra boca, simplemente pensar en eso le da nauseas.

Verla dormir, velar su sueño se sublima en mi interior llenándome de ternura, se ve tan frágil a pesar de su fortaleza, veo sus debilidades que al despertar se ocultan. Podría quedarme horas mirando cómo duerme y descansa su mente, dejándome que la proteja de cualquier cosa que pueda hacerle daño.

Al final abre los ojos y me dice que me largue, que soy yo quien la agobia, me pide el favor de dejarla descansar, que me separe un poco, que le de su espacio, que necesita respirar y mi hedor no se lo permite, que al despertar todo va a seguir siendo agotador conmigo a su lado, que le permita escapar al mundo de morfeo a donde no voy a ir jamas, por estar pensando en ella.

Yo amo a María.... Aunque María me deteste. 

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